El nene ya anda solo
"Ni está enojado ni está provocador", contó El Gordo mientras un trago de café tibio le mojaba sus dos últimas muelas sanas. "Dice que me ve cansado, que me ve sin tiempo, que no me quiere molestar", añadió, con otro trago humedeciéndole la voz. El Roto, miembro clave del Bar de los Sábados, opinó que se trataba de una ansiedad de juventud. Pero El Gordo lamentó desmentirlo: "Creo que es otra cosa: El Nene creció."
Como suele ocurrirles a las personas cuando hablan con las personas, El Gordo se fue calmando. Quizá por eso engalanó el Bar de los Sábados narrando una de las historias más dulces de su vida: la tarde en la que por primera vez fue con El Nene a la cancha. Lo recordaba con las manos chiquitas, repitiendo "papá" a cada rato y desbordando de asombro porque miles de señores no paraban de pronunciar "malas palabras". En los años que siguieron, esos asombros cambiaron por más asombros en el fútbol. Y lo que compartieron en la cancha se les grabó a los dos como una memoria irrompible.
"Alguna vez van a volver a ir juntos", lo consoló El Roto. "Así es —contestó El Gordo—, y otras veces lo voy a tener que extrañar." Dijo esa frase con la vista puesta en uno de los pósters desteñidos del Bar de los Sábados y con la certeza de que un padre no es más que un hombre que va creciendo mientras ve a los hijos crecer. Eso pensó, como un descubrimiento, al tiempo que pedía un café dulce. Enseguida tuvo unas ganas infinitas de que apareciera El Nene para darle un abrazo. Ya no lloraba.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home