De Rastron

martes, enero 03, 2006

Contando pérdidas en el Bar de los Sábados

De todas las historias de pérdidas en el fútbol que se contaban en el Bar de los Sábados, ninguna era más emblemática que la de Wing. Wing había jugado toda una trayectoria deportiva, es decir toda una vida, sobre la raya derecha, haciendo crecer maravillas como quien planta flores en cualquier tierra. Una vez, lo ubicaron en el centro del campo bajo el argumento de que así sorprendería rivales. Sin embargo, el único sorprendido fue Wing, quien, alejado de la raya, no sólo no gravitó en el partido, sino que perdió referencia del mundo, ingresó en un estado de sustos consecutivos y quedó atrapado dentro de la cancha sin poder salir nunca más.

Hubo un sábado no tan distante en el que un joven contó el caso de un volante que en un entretiempo se metió en el túnel que conducía a los vestuarios y, luego de una mala curva, extravió el camino del retorno. Estuvo doce años girando hacia los cuatro puntos cardinales, vio destellos luminosos del Oriente y unas cuantas lluvias occidentales y, cuando lo creían definitivamente ausente, resurgió por la puerta en la que se había metido en la jornada en la que se quedó sin rumbo. En ese momento, estaba por empezar el segundo tiempo de un partido que, lógico, no era el mismo que él había dejado. Pero no se hizo problemas y, aunque no conocía a nadie de los que corrían a su lado, se puso, entusiasmado, a jugar.

A través de los años, en el bar de los sábados se escucharon historias de árbitros que habían perdido la fe en la justicia, y de delanteros que volvían a las canchas por las noches para ver si encontraban los goles que se habían perdido a la tarde, y de hinchas que regresaban cada semana a las tribunas para averiguar si allí permanecían viejas felicidades que las durezas cotidianas les habían hecho perder. El último sábado, tragando café amargo, alguien propuso que la renuncia de Marcelo Bielsa como técnico de la Selección Argentina fuera sumada a la lista de pérdidas notables: "Aunque a veces no coincidía con él, me gustaba que siempre se entregara a las audacias del juego y nunca a las demandas de los mercaderes de la pelota. Igual, la pérdida mayor no es esa: voy a extrañarlo porque era un entrenador que parecía entender que las victorias de la cancha son fantásticas, pero las de la conciencia suelen ser mejores".

En el Bar de los Sábados, algunos siguieron repasando pérdidas. No se trataba de un ejercicio de tristezas. Al cabo, las pérdidas valiosas acostumbran vivir en la memoria. Y una buena memoria siempre es el posible comienzo de un triunfo.

Publicado el 19 de Septiembre de 2004 en el Diario Clarín