Examen de ingreso
"Pregunta uno", le enunció El Roto, histórico asistente a ese templo de la reflexión: "¿Qué es una cancha?" El Pibe carraspeó para impulsarse el ánimo y respondió sin vacilaciones: "Una cancha es un sitio donde cabe todo lo que tiene que ver con el corazón". Fue un buen comienzo. "Pregunta Dos", se lanzó El Alto, otro viejo habitué. "¿Qué es un penal?", lo interrogó. El Pibe volvió a percibirse firme: "Es la tensión humana expresada en una fugacidad: dos hombres a todo o nada, mezclando intuición e inteligencia en un solo pelotazo".
Siguieron las preguntas y El Pibe fue ofreciendo dos certezas: sabía y sentía. O quizás una combinación: sabía porque sentía. Así llegó hasta la pregunta ochenta y seis, cuando El Roto lo exigió a fondo. "¿Qué es el fútbol?", le tiró a un metro de los oídos. El Pibe carraspeó de nuevo pero ya no de nervios, sino para sacar un sonido que guardaba en la garganta desde la tarde en la que su padre le explicó que una pelota es una belleza en el horizonte. Después miró a los que lo miraban y dio su contestación más corta: "El fútbol es un pretexto para respirar".
Fue la última respuesta porque fue la última pregunta. No hizo falta anunciar que el examen estaba aprobado. Alcanzó con que los miembros del Bar de los Sábados se abrazaran varias veces. El Pibe acarició los bordes de su silla y pidió café para quien quisiera. Los dos mozos viejos lo escucharon felices, como se escucha a alguien propio, y dejaron, por fin, de girar.


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