De Rastron

viernes, enero 06, 2006

Deportivo Desunidos

Fue El Roto, alguien que tenía una excepcional capacidad para desconsolarse, quien desembarcó en el Bar de los Sábados con esa noticia que le empujaba el corazón hasta el último sótano. "Los muchachos ya armaron el equipo", contó con una voz vencida que apenas superaba la frontera de sus labios. Tres o cuatro de sus interlocutores de cada sábado le salieron al cruce. "Un equipo nuevo, una buena noticia", dijeron mientras le soltaban el tipo de insultos que sólo cabe pronunciar entre las informalidades de un bar o en la soledad de una frustración. El Roto ni se ofendió ni se rindió y abrió sus ojos medianos como pidiendo paciencia. Así consiguió que le concedieran un silencio y, con otro susurro triste, completó la información que lo golpeaba: "Los muchachos ya armaron el equipo. Se llama Deportivo Desunidos".

"¿Desunidos?", gritó El Alto, justo El Alto, que llevaba una vida argumentando que el fútbol reivindicaba a la humanidad porque era un punto de encuentro entre los hombres. El Roto dio precisiones: "Ellos creen que deben reflejar lo que es el fútbol ahora: una selva en la que importan las salvaciones privadas". Indignado pero no hundido, El Alto percibió cada hervor de su sangre. No necesitó más: apuntó hacia las puertas del Bar de los Sábados y dejó el lugar.

Volvió al rato, cansado como cada individuo que trabaja de más. El Roto y el resto no disimularon palpitaciones detrás de una señal. El Alto no se hizo rogar y habló con el aire que le quedaba: "Ya conversé con los muchachos. Les expliqué que armar un equipo es heredar toda una historia, decir la palabra compañeros, estar unidos. Nos entendimos: me contestaron que esta es otra época pero que van a luchar para cambiar las cosas".

—¿Y el nombre?, preguntó El Roto .

Lo que siguió fue un instante de pura intensidad. El Alto lo manejó con la calidad de un artista. Hizo dos gestos, dejó correr un suspenso y, al final, dio el dato: "El nombre se lo cambiaron. Lo pusieron Deportivo Desunidos Unidos...".

Todo el Bar de los Sábados lo miró entre confusiones. El Alto no se turbó. "Está claro —explicó— que es un modo de expresar que al lado de los golpes del presente siempre hay lugar para las alegrías de un futuro". Después dijo "siento que es un lindo nombre" y, como cada sábado, se bebió de un trago una taza de café.

Publicado el 10 de Octubre de 2004 en el Diario Clarín.