De Rastron

lunes, enero 09, 2006

Goleador de sueños

Nadie desconocía en el Bar de los Sábados que El Roto era uno de los más grandes goleadores en sueños de la historia de la humanidad. Ya en la primera infancia salió de los trastornos de una rabiosa pesadilla haciendo dos goles de rabona durante un solo parpadeo. Naturalmente, con los años se perfeccionó. Había sabido convertir goles olímpicos cada vez que entre ronquidos soñaba que le tocaba patear el último córner del mundo e, inclusive, en una extraña primavera en la que lo sometieron a una operación brava, había aprovechado el efecto de la anestesia para marcarle un gol de tiro libre a un pedante del barrio que se proclamaba buen arquero. Nada venía de la casualidad: a un costado de la cama de todos sus sueños, El Roto guardaba una frase a la que le otorgaba categoría de mandamiento. La había escrito el ex futbolista Jorge Valdano y pesaba como una confesión: "Es muy rara la noche en que no sueño con goles espectaculares, hermosos y míos". El Roto tenía dos diferencias con Valdano: la primera era que no había redactado esa frase; la segunda consistía en que ni siquiera en una noche rara había dejado de gritar un gol propio entre sueños.

Eso explicaba que, semana a semana, El Roto deleitara a los concurrentes rituales del Bar de los Sábados, esa cumbre de discusiones de fútbol, con narraciones de sus mejores goles soñados. Una vez atrapó la atención de todos contando su vínculo difícil con un gol que se le escapaba. Fue un relato sencillo: "Me venía noche a noche, en el segundo sueño, mientras yo veía la red mansa, y las tribunas en fervor, y rivales que pasaban de largo. Nunca, ni en los peores lunes ni en los mejores viernes, yo encontraba el mejor lugar para hacer ese gol. Al acostarme, cambiaba de sitio en la almohada; dormido, variaba mi posición en el área. Pero nada daba resultado. Hasta que un martes, de nuevo en el segundo sueño, sentí la voz de un compañero que me avisaba: 'Es ahora, lo buscaste, te lo merecés'. Entonces, la pelota me rebotó en un muslo y entró".

Fascinado, uno de los que oía le dijo enseguida: "Así son los goleadores: siempre insisten". El Roto lo miró y le dio otra respuesta: "Me parece que los que siempre insisten son los hombres que sueñan". Después, apuntó la vista hacia todo el Bar de los Sábados y, bien despierto, contó otro sueño de gol.

Publicado el 31 de Octubre de 2004 en el Diario Clarín